En Atlanta todos hablan de la final del Mundial 2026. Se habla en las calles, en el centro de prensa de la FIFA, en los bares y en cualquier rincón de la ciudad. Ante cualquier referencia a la Copa del Mundo hay un solo tema que aparece de inmediato: cómo puede resolverse el duelo entre España y Argentina.
Fue, justamente, en una de esas charlas con periodistas españoles durante la cobertura de esta final donde surgió una historia que terminó explicando mucho más que una simple amistad. Entre análisis tácticos, posibles formaciones y pronósticos, alguien recordó un dato que rápidamente captó la atención de todos.
Fiebre mundialista: ¿podría haber asueto el lunes en Tucumán?Durante mucho tiempo, el fútbol vendió una receta casi infalible para llegar a la elite. Primero había que dirigir un club, después otro más grande, ganar campeonatos, acumular experiencia y recién entonces aparecía la posibilidad de conducir una selección. Lionel Scaloni y Luis de la Fuente decidieron ignorar ese manual.
Ninguno pasó por un banco de Primera División. Tampoco construyó su prestigio levantando trofeos en las grandes ligas. Sin embargo, el domingo estarán frente a frente en la final del Mundial.
“Quiero que me busquen por mi nivel, no como una figura de marketing”: Vozinha habló de su futuro tras el MundialComo si esa historia no fuera lo suficientemente improbable, hay un detalle que la vuelve todavía más extraordinaria: hace casi 10 años, uno era profesor y el otro alumno.
En 2017, Scaloni llegó a la Ciudad del Fútbol de Las Rozas para completar el curso UEFA Pro de la Federación Española. Del otro lado del aula estaba Luis, por entonces entrenador de las selecciones juveniles españolas y uno de los docentes del programa.
Lo que nació allí fue mucho más que una relación entre profesor y alumno. Con el tiempo se hicieron amigos, siguieron hablando de fútbol, compartieron ideas, intercambiaron opiniones y descubrieron que entendían este juego casi desde el mismo lugar. No es casualidad.
La premonición de Messi hace 20 años que se volvió realidad: "Sería lindo un Argentina-España en la final del Mundial"Cuando a De la Fuente le preguntan cuál es el secreto para conducir un equipo, rara vez empieza por la táctica. Habla de personas, de confianza y de gestión. "Lo más importante es gestionar un grupo; gestionar personas", repite cada vez que puede.
Y a Scaloni no hace falta preguntarle si está de acuerdo. Alcanza con mirar los ocho años del proceso que lleva al frente de la Selección.
Si hubo algo que distinguió al entrenador nacido en Pujato fue convencer a un grupo de campeones de que nadie estaba por encima del equipo, que un suplente podía sentirse tan importante como un titular, que salir reemplazado no era una derrota personal y que el escudo debía pesar más que el apellido.
"Uno siempre quiere jugar, pero cuando no toca hay que agachar la cabeza, tener humildad y dejar todo", resumió Lautaro Martínez después del triunfo sobre Inglaterra. Había empezado el partido en el banco y terminó siendo determinante para cambiar la historia.
Final del Mundial 2026: los supermercados de Tucumán atenderán el domingo solo hasta las 15Ese fue, probablemente, el mayor triunfo de Scaloni antes de cualquiera de las copas que levantó. Por eso nunca escondió el cariño que siente por el entrenador español.
Cada vez que le preguntaron por él habló de un hombre generoso, dispuesto a ayudar a quienes recién empezaban el camino de entrenadores. Y hace apenas unos días, antes de la semifinal y cuando España ya había asegurado su lugar en el partido decisivo, volvió a referirse a él con una frase tan sencilla como reveladora.
De verdugo de Argentina a hincha inesperado: Schweinsteiger celebró con la gente el pase a la final del Mundial"Estoy contento por Luis. Es un gran tipo. Siempre me ayudó", lanzó.
Del otro lado ocurre exactamente lo mismo. De la Fuente habla de Scaloni con orgullo. Recuerda a aquel alumno inquieto, siempre dispuesto a escuchar y debatir. Hoy lo señala como uno de los mejores entrenadores del mundo y destaca que consiguió algo mucho más difícil que haber inventado un sistema revolucionario: construir un equipo. Quizás ahí esté la explicación de una coincidencia que ya dejó de parecer casualidad.
Dos entrenadores que nunca dirigieron un club de Primera División, dos seleccionadores que fueron discutidos cuando asumieron y dos hombres convencidos de que, antes de mover fichas, hay que saber conducir personas. De esa manera, los dos llegaron exactamente al mismo lugar.
Este domingo, cuando el árbitro marque el inicio de la final, el profesor dejará de ser profesor y el alumno dejará de ser alumno. Durante 90 minutos (o tal vez 120) sólo existirán dos entrenadores persiguiendo el mismo sueño.
Después volverán a ser amigos porque en el fútbol hay lecciones que van mucho más allá del dibujo de una táctica sobre un pizarrón. Hay lecciones que te terminan llevando hasta una final del mundo.